El Sr. Phillips estaba a punto de salir de su oficina y recordó que su esposa le pidió que trajera 1KG de bananas. Cuando salió, vio a una anciana de mal aspecto al otro lado de la calle.

Ella estaba vendiendo bananas frescas en la calle.

El Sr. Phillips generalmente compra bananas en una tienda de comestibles a pocas cuadras de su oficina, pero como hoy tenía prisa por llegar a casa,

pensó en comprarlas al otro lado de la calle.

Fue con la anciana y le preguntó el precio. Ella cobraba $7 por 1KG.

Él dijo: “Pero la tienda en la que suelo comprarlas las vende por $5 por 1KG, ¿no puedes dármelas por el mismo precio?”.

La anciana le dijo: “No señor, no puedo permitirme ese precio. Puedo vendérselas a $6 por 1KG. Es lo mejor que puedo ofrecerle”.

El Sr. Phillips le dijo: “No importa”. Se fue en su coche hacia la tienda de comestibles habitual.

Entró y tomó un buen puñado de bananas.

Fue al cajero a pagar por ellas, pero se sorprendió cuando el cajero le dijo que el precio por 1KG era de $10 dólares.

Él le dijo al cajero, “He estado comprando las bananas de aquí sólo por algunos años y esto es un fuerte aumento de precio, ¿no puedes ofrecerme un mejor trato por ser un cliente leal?”.

El gerente lo oyó por casualidad y fue allí. Le dijo al Sr. Phillips: “Lo siento, señor, pero nuestros precios están fijos, no negociamos”.

El Sr. Phillips se sintió un poco mal con esa actitud plana. Pensó por un segundo y devolvió esas bananas. Volvió con la anciana.

Ella lo reconoció al instante y le dijo: “Señor, no puedo igualar ese precio, no voy a poder obtener ninguna ganancia”.

El Sr. Phillips le dijo: “No se preocupe por el precio, ¡le pagaré $10 por 1KG! Ahora, deme 2KG.”

La anciana se puso muy contenta, empacó 2KG de bananas y le dijo: “No puedo aceptar $10, pero le aceptaré $7 por KG. Aprecio tu amabilidad”.

Ella también le dijo: “Mi esposo era dueño de una pequeña frutería, pero se puso muy enfermo. No tenemos hijos ni parientes que puedan mantenernos.

Tuvimos que vender su tienda para cubrir sus gastos médicos, pero no pudo sobrevivir”.

Las lágrimas fluían de sus ojos.

Ella dijo: “Pero ahora, para mantenerme, estoy tratando de vender lo que puedo comprar para así poder sobrevivir por lo que me queda de vida”.

El Sr. Phillips le dijo: “No se preocupe, lo está haciendo bien y a partir de mañana sólo le compraré a ud las bananas”.

Sacó su billetera y le dio $100 extra y le dijo: “Tome esto, mañana traiga más frutas diferentes para vender, considere esto como un pago adelantado por las frutas que le iré comprando”.

“Puede ganar más si tiene más opciones de frutas para vender”. La anciana le dio las gracias.

Más tarde, él le recomendó a muchos de sus colegas que compraran frutas a la señora y ellos lo hicieron. Y con el apoyo del Sr. Phillips y muchos otros compradores, ella se ganaba la vida mejor.

Lección: A menudo elegimos ir a los grandes centros comerciales o grandes tiendas de comestibles para hacer las compras. Siempre pagamos el precio fijo sin negociar.

Eso está bien, ya que todos tenemos opciones y la gente que dirige su negocio también tiene sus obligaciones.

Sin embargo, necesitamos dedicarnos un momento a pensar ¿por qué no tenemos el valor o la razón para negociar mientras compramos en las grandes tiendas y por qué tratamos de negociar fuertemente con los pequeños vendedores ambulantes? Piensa sabiamente.

Siempre intenta ayudar y apoyar a los que trabajan duro para ganarse la vida porque tienen la necesidad de hacerlo.

Piensa, lo que el Sr. Phillips había pensado por un segundo y por qué decidió comprarle a la anciana.

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