Hoy en día, “made in China” es un distintivo que no nos ofrece mucha confianza. Sin embargo, China, en los tiempos antiguos, fue una de las culturas más exquisitas y ricas del mundo.

Pero, todo ese legado, esa sabiduría que los chinos pensaban que provenía directamente de los dioses, se empezó a perder desde que el partido comunista arrebató el poder al partido nacionalista en 1949.

Muchos seguidores nacionalistas, firmes defensores de la cultura y las tradiciones chinas, emigraron a Taiwán, donde reina la democracia en lugar del comunismo.

Los ideales que se originan del Confucianismo, Budismo y Daoísmo son la esencia de la cultura tradicional china y, justamente, por eso el partido empezó a lanzar violentas campañas para erradicar estas creencias milenarias y suplantarlas por el culto a Mao Ze Dong, el máximo dirigente del régimen.

La destrucción de reliquias, monumentos, escrituras, libros, pinturas se producía de forma masiva. Templos y estatuas quedaron reducidas a polvo. 

Un grupo de artistas chinos (también practicantes de una ancestral meditación pacífica de la Escuela Buda llamada Falun Dafa) en la cúspide de su carrera, preocupados por los acontecimientos, decidieron actuar y se trasladaron a Nueva York.

Con una visión y una pasión en común: Revivir el mundo perdido de la cultura tradicional china y compartirla con todo el mundo, fundaron la mejor compañía de danza y música clásica china del mundo: Shen Yun Performing Arts.

Ahora realizan decenas de actuaciones por todo Taiwán donde sus espectáculos se han convertido en todo un acontecimiento social.

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