China ha sido el epicentro de muchos acontecimientos determinantes en el transcurrir de la historia de la humanidad, a lo largo de sus 5.000 años de cultura se han desenlazado en las puertas de esta nación una gran cantidad de fenómenos sociales cuyo impacto ha generado secuelas hasta el devenir de los tiempos modernos.

Particularmente el siglo XXI, además de ser una época que ha traído para esta nación agitados cambios en la geopolítica internacional, también ha constituido un periodo en el que de una manera poco visibilizada se ha propagado uno de los genocidios más crueles y masivos de la historia que al día de hoy aún continúa.

Falun Gong, también conocido como Falun Dafa, es una disciplina espiritual perteneciente a la escuela buda enfocada en el automejoramiento de cuerpo y mente que fue introducida como un método de qi gong en el año de 1992 por el Sr. Li Hongzhi.

La disciplina fue reconocida como una rama del qigong por la Asociación de Estudio de la ciencia del Qigong de China, (CQRS) y a partir de entonces se comenzó a llevar a cabo una amplia difusión de la práctica en todo el país, un gran número de personas se sumaron debido a los múltiples beneficios que trae para la salud.

El impacto de la práctica llegó a ser tal que el mismo gobierno la reconoció como un medio efectivo para reducir los gastos en sanidad; no obstante no fue por mucho tiempo que se tuvo en consideración a esta disciplina.

Debido a que el número de practicantes a lo largo del país llegó a sumar las 70 millones de personas, el Partido comunista Chino (PCCh) dio un giro en su punto de vista y consideró que sus enseñanzas espirituales estaban llegando al punto en que representaban una seria interferencia para los propósitos ideológicos del estado.

Fue así como el estado comenzó a maquinar una férrea persecución a la disciplina y a todos los que estuvieran involucrados con ella, llegando a implementar a través de los medios de comunicación una tendenciosa campaña de desprestigio y difamación en su contra que terminó con detenciones, desapariciones de personas, mientras algunos otros fueron retenidos en campos de trabajo forzado. 

La escalada que el gobierno ejecutó en contra de los practicantes llegó a un punto tan álgido que despertó el interés de varios grupos defensores de derechos humanos, y para el año 2006 el abogado canadiense de Derechos Humanos David Matas y el ex Secretario de Estado de Canadá para Asia-Pacífico, David Kilgour, hicieron público un informe con el nombre de ‘Cosecha Sangrienta’, una investigación independiente relacionada con la sustracción forzada de órganos a practicantes de Falun Dafa en China.

Los resultados de la investigación determinaron que el régimen chino ha estado utilizando a prisioneros de conciencia, que en su mayoría son practicantes de falun Dafa, para implementar un “banco de órganos vivos”.

Personas inocentes son puestas bajo arresto para luego ser sometidas a algunos exámenes para determinar la compatibilidad con pacientes que gestionan el trámite de un trasplante, luego de las evaluaciones médicas se encuentra al paciente compatible y se procede a realizar la sustracción de los órganos en forma secreta, implementando un procedimiento en el que la persona fallece.

De acuerdo con Kilgour: “miles de practicantes fueron asesinados desde 2001, para que sus órganos pudieran ser traficados a pacientes chinos y extranjeros. Solo para el periodo de 2000 a 2005, Matas y yo concluimos que para realizar 42.500 trasplantes, la única explicación plausible para el aprovisionamiento era Falun Gong”.

Para el año 2014 salió a la luz pública el libro “El Matadero: Asesinatos en masa, sustracción de órganos y la solución secreta de China para el problema de disidentes”, publicado por el escritor y periodista suizo Ethan Gutmann.

De acuerdo con la investigación, alrededor de 65.000 practicantes de Falun Gong y “entre dos y cuatro mil Uigures, Tibetanos y Cristianos independientes han sido sometidos a sustracción de órganos tan solo en un periodo de tiempo del 2000 al 2008.

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