John McMonagle tiene prisa. Estaciona su auto y deja la ventanilla a medio cerrar, dejando expuesto su bolso, al alcance de todos.

Jean McGeown es un vagabundo que lo nota y comprende el riesgo y la tentación de la situación. Decide entonces custodiar el auto para evitar el acecho de alguna mano ladina.

Después de dos horas y media de espera, con la lluvia que lo había empapado por completo, toma el bolso para chequear su contenido y ve que hay mucho dinero. Lo lleva con él y le deja en su lugar una nota.

John llega a su auto poco tiempo después, observa la situación y nota enseguida la ausencia de su bolso. Toma el papel que Jean le había dejado, con el temor de haber perdido todo.

¿Qué decía aquella nota? ¿Pudo John recuperar su bolso? ¿Qué pasó con Jean? ¿Acaso se pudieron conocer?

En este relato verídico, rescatamos el valor del ejemplo de nuestras conductas.

Si su corazón se inclina hacia el bien, el ser humano tiene la gran capacidad de poder transformar el entorno en algo positivo.

Esta es una historia real, hermosa y dignificante de nuestras posibilidades y alcances, más allá de la “condición” aparente en la que nos encontremos.

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