La gente tiende a minimizar las consecuencias de sus malas acciones escudándose en argumentos superfluos; no obstante, el daño generado tiende a superar por mucho lo que las excusas pueden reponer.

En el caso de rumores falsos, las personas que los generan tienen una mirada muy obtusa de la importancia de la reputación ajena.

Pero, sí de hecho, saben la importancia que conlleva el buen nombre para una persona y aun así dañan su imagen, la alevosía va de la mano con sus acciones, agravándose mucho más.

El trato calumnioso es una de las demostraciones más antiguas de la envidia y la maldad humana, sus consecuencias son casi imposibles de remediar, pero producir un daño de este tipo es de lo más fácil, solo hace falta pronunciar unas pocas palabras y la vida de alguien puede ser arruinada de la noche a la mañana.

Uno de los primeros casos retratados en la historia de calumnia, lo tuvo que vivir el filósofo Sócrates y las consecuencias no fueron pequeñas, él fue condenado a la cicuta, un veneno que acabó con su vida.

Sócrates fue condenado a la Cicuta, un veneno mortal, por falsas acusaciones.

De hecho, el caso más conocido sobre injuria y calumnia es el que llevó a la muerte en la cruz a Jesús de Nazaret.

En estas situaciones las consecuencias no fueron pequeñas, la muerte de una persona a causa de un rumor o las calamidades que han vivido millones de personas por chismes y mentiras son, de hecho, delitos equiparables a los de un asesino o un estafador.

En el vídeo que tenemos hoy para ti en la parte superior de esta página te invitamos a ver una reflexión profunda sobre los rumores y chismes.

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