La familia de una persona que se dedica a trabajar diariamente es, sin lugar a dudas, la mayor motivación para hacer de ese sacrificio un motivo de satisfacción personal.

Con el fruto del trabajo se aseguran los estudios de los hijos, la alimentación, la vivienda y por supuesto esos ratos de diversión que hacen que la vida adquiera un tono más colorido.

Sin embargo, los pequeños de la casa no son conscientes al cien por ciento de esta realidad y, aunque disfrutan de todas las bendiciones traídas por el trabajo de los padres, muchas veces lo que más desean es compartir más tiempo con ellos, así dejen de ir sus empresas.

Algunos niños incluso pueden aparentar estar enfermos para ver qué reacción tienen sus padres y hacer que estén una mayor cantidad de tiempo juntos.

No obstante, la costumbre y el desapego llegan a medida que los años pasan, dejando de lado este afán de la compañía paternal y maternal. Lo interesante es todo lo que son capaces de hacer cuando todavía están “enamorados” de la compañía de sus progenitores.

En nuestro vídeo de hoy tenemos una historia que demuestra esa angustiosa situación que viven padres e hijos cuando quieren pasar más tiempo juntos, pero las obligaciones diarias lo impiden.

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