Seguramente habrás pasado por alguna vereda, algún subte o estación de tren y cierta melodía, cierto cantar, te hizo detener. Te habrás sorprendido gratamente de las condiciones artísticas del intérprete que te inspiraron a compartir del bolsillo algún billete de monto pequeño o monedita… ¡Aquí algunos ejemplos de ello!

También habrás escuchado, tras el parlante saturado de un celular, algún reguetón que suena tanto y en todos lados que, si te descuidas, también puedes tararear. Muchas veces con letras obscenas y rimas y ritmos pegadizos, el mercado de la música se llena de oro contaminado nuestros oídos.

Lejos de ser esta una crítica a modo de subestimar algunas expresiones artísticas en detrimento de otras, buscamos aquí ir un poco más allá y comprender que lo único que realmente cuenta es la intención que envuelven estas creaciones.

Pensemos: el artista callejero se expone ante un público indiferente, sólo depende de él romper con ese ensimismamiento de los transeúntes para hacer lo que siente y para ganarse el pan dignamente. ¡Algo realmente difícil de hacer!. Las industrias culturales, en cambio, por lo general tienen convenios con los medios, con los productores y han montado un circo que, de tanto hacerlo sonar, todos lo vamos a escuchar… ¡y cantar!.

Unos nos venden espejitos de colores, otros muestran colorcitos que se espejan en el corazón de uno…

En el mientras tanto, compartimos este video para que también consideres el asunto y, la próxima vez que veas a un artista callejero, aunque sea tu mirada y una sonrisa bastan para que esa persona siga entregando con el alma.

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