Desde tiempos remotos, los delfines han maravillado a los humanos.

Se creía que eran enviados por los dioses para ayudar a los hombres en el mar.

Sin duda, están entre las especies más inteligentes que habitan en el planeta.

Se encuentran relativamente cerca de las costas y a menudo interactúan con las personas.

Su forma de comunicarse con silbidos y chasquidos se descubrió por casualidad durante la Segunda Guerra Mundial, cuando introdujeron un micrófono en el mar para escuchar a los submarinos enemigos.

Como otros cetáceos, los delfines utilizan los sonidos, la danza y el salto para comunicarse, orientarse y alcanzar sus presas; además utilizan la ecolocalización.

La ecolocalización  es la capacidad de algunos animales de conocer su entorno por medio de la emisión de sonidos y la interpretación del eco que los objetos a su alrededor producen debido a ellos.

Hasta el momento se han distinguido hasta 32 clases de silbidos diferentes.

Los delfines se comunican entre sí e intentan contactarse con nosotros.

Son miopes y tienen un oído excepcional: pueden oír frecuencias diez veces o más por encima del límite superior del oído humano adulto.

Las apariciones de los delfines en la mitología y las leyendas son numerosas, y atestiguan la relación entre el hombre y los delfines desde la antigüedad.

Existe una leyenda que relata que provienen de la mítica Atlántida.

En todas partes del mundo, se los relaciona con poderes místicos y espirituales.

También existen numerosos testimonios de marinos guiados por estas criaturas, así como también, de  personas a quienes estos inteligentes mamíferos cetáceos les salvaron la vida.

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